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MICHAEL A. BAKER, SFO
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Hablando en favor del pobre, el Arzobispo Oscar Romero ganó muchos poderosos enemigos, que finalmente causó que lo asesinaran el 24 de marzo de 1980. Veinticinco años más tarde, su causa para la Santidad podría llegar a ser uno de los casos más difíciles y sensitivos para el Vaticano.
En el tiempo que Romero fue nombrado Arzobispo, El Salvador se encontraba en el borde de una guerra civil que duró doce años y causó la muerte de más de 75,000 salvadoreños. Hombres, mujeres y niños estaban siendo secuestrados, torturados y matados. Un promedio de catorce familias controlaban la mayoría de las tierras y sus recursos en el país, dejando a la mayoría de los pobres sin las necesidades básicas para sobrevivir.
Romero era favorecido como Arzobispo entre los ricos y poderosos por su posición neutral, hasta ese tiempo. Todo cambió en menos de tres semanas después de ser nombrado, cuando el Padre Jesuita Rutilio Grande fue asesinado por las fuerzas militares, con otras dos personas laicas inclusive un niño de siete años.
Este evento significó un gran cambio para el Arzobispo Romero. Él empezó a ver la realidad de la lucha de su gente y de las graves ofensas cometidas en contra de la humanidad, por aquellos individuos en poder y oposición. Él condenó la violencia por ambos lados y buscó cómo poder resolver el conflicto a través del diálogo y llamando a todos a una conversión. Él empezó a predicar por la liberación de la gente, con las raíces sólidas en el Evangelio.
Líderes religiosos y civiles alrededor del mundo empezaron a escuchar la proclamación del Arzobispo Romero. Lo empezaron a llamar la
"Voz de los que no tienen voz". Después sería nominado en el año 1979 para el premio Nóbel por la Paz. Su mensaje de paz y amor, frente a la cara de la muerte y destrucción, llegó a conmover los corazones de muchos y llamó la atención mundial, hacia la situación injusta en El Salvador. Con el fin de silenciarlo, oficiales del alto comando militar ordenaron su muerte. A los 62 años de edad, el Arzobispo Oscar Romero fue asesinado con una bala al corazón mientras celebraba la Eucaristía.
Poco antes de su muerte el Arzobispo Romero anotó en su diario espiritual: "Mi otro temor tiene que ver con las amenazas que se han hecho a mi vida.
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