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JOSÉ ROBERTO ARGÜELLO
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la ciudad.
Igual sucede con la urbanización descontrolada. Cualquier observador nocturno echa de ver el avance de la mancha urbana por las faldas del volcán de San Salvador, esto a costa de los espacios verdes. Este crecimiento desaforado y la creciente escasez de agua tienen el potencial de convertirse en el detonante de una futura explosión social.
Según indicadores del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) correspondientes a1 año 2003, 43 de cada 100 habitantes del país están sumidos en la pobreza. En el campo esta cifra ronda el 56%. 19 de cada 100 salvadoreños se encuentran en la pobreza absoluta, es decir, que sus ingresos no alcanzan para cubrir la canasta básica. El 20% de los hogares más ricos perciben el 58.3% del ingreso nacional y el 20% más pobre solamente recibe el 2.4% del ingreso nacional
Si Monseñor pudiera entrar a los hogares y conversar con la gente, descubriría que la quinta parte de la población salvadoreña tuvo que emigrar al extranjero, ya fuese por la guerra, los desastres naturales que azotaron al país -el huracán Mitch en 1998, dos terremotos espantosos en 2001-, la pobreza o por la falta de oportunidades en la ciudad y en el campo.
Esta emigración y las divisas que genera (2,500 millones de dólares tan sólo en 2004, según el Banco Central de Reserva de El Salvador (BCR), lo que constituye una cifra récord) son las que mantienen a flote la economía del país. Estos ingresos constituyen más del 16% del producto interno bruto.
Lejos de hacer algo para remediar la salida de estos salvadoreños en las condiciones penosas y riesgosas en que se produce, el gobierno no hace nada para remediar sus causas. Las remesas son la gallina de los huevos de oro. Han producido una clase media artificial que la cúpula económica ha sabido atraer a sus negocios y sus bancos con altísimos beneficios. Este capital, sin embargo, no es aprovechado en programas de desarrollo social a largo plazo, ni sus beneficios se canalizan en proyectos estratégicos capaces de generar trabajos bien remunerados.
Recientemente, Waldo Jiménez, gerente técnico de la Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP), coincidió con un análisis del BCR según el cual, por noveno año consecutivo, la economía salvadoreña ha tenido un crecimiento deficiente.
Esto no es de extrañar. Las estrategias planteadas por los gurús
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