Publicado el 01-24-2012
EL MIGRANTE TAMBIÉN ES UN EVANGELIZADOREn la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado |
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ROMA.- Este domingo 15 de enero, con motivo de la 98 Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, la Iglesia universal se une a todas aquellas personas que por distintos motivos salieron de su país en busca de una mejor calidad de vida. Y lo hace también con quienes tuvieron que huir del peligro de muerte que traía la guerra o la hambruna en sus territorios. Hay un doble motivo de conmemoración, dado que la Santa Sede fue incorporada en diciembre como miembro de la Organización Internacional para las Migraciones, que a no dudarlo es un reconocimiento a una voz autorizada y comprometida con este creciente problema, el cual debió estar incluido entre los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Volviendo a la Jornada anual --que ya se acerca a su centésima celebración--, esta tiene como finalidad “proyectar la solicitud de la Iglesia sobre las peculiares necesidades de los que se vean obligados a dejar su patria o carezcan totalmente de ella”, según se lee en las competencias que el beato Juan Pablo II le asignó al respectivo dicasterio, a través de la constitución apostólica Pastor Bonus. ¿En qué contexto se celebra, por así decirlo, en Italia? Hay dos hechos que preocupan actualmente a la Iglesia y a un sector del nuevo gobierno Monti, que tiene como ministro de cooperación internacional e integración al fundador de la Comunidad de San Egidio, el laico Andrea Riccardi. Uno es el relativo a las nuevas tasas que perjudican al migrante, las cuales podrían ser elevadas por encima de sus posibilidades reales, dado que en la mayoría de los casos realizan trabajos manuales y domésticos o estudian. El otro desafío es revertir el actual derecho negado a los niños “no comunitarios” nacidos en suelo italiano (en 2010 fueron 78.000), y que por el sistema de ius sanguinis (derecho por sangre) y no de ius soli (derecho por territorio), se les priva de la nacionalidad hasta que cumplan los 18 años. Como se ve, siempre aparecen nuevos frentes a los que la Iglesia tendrá que responder oportunamente. Gran mérito tienen en esto Caritas, las congregaciones religiosas y algunas ONG, que dan todo de sí para atenuar las consecuencias de este fenómeno crítico. Tampoco se debe olvidar a quienes han consumido su vida en estos afanes, como el beato Giovanni B. Scalabrini, quien no solo creó una familia religiosa para atender a ... |
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