Publicado el 12-09-2011
GUADALUPANOS Y EL CONTINENTE DE ESPERANZAPor Monseñor JOSÉ H. GOMEZ Arzobispo de Los Angeles |
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El 12 de diciembre, fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe, nuestro Santo Padre, el Papa Benedicto XVI, celebrará una Misa especial en la Basílica de San Pedro por nuestros hermanos y hermanas de Latinoamérica, por la celebración del bicentenario de la independencia de algunos países latinoamericanos. Nuestro Santo Padre quiere mostrar su solidaridad con las naciones de lo que él llama “Continente de la Esperanza”, donde viven aproximadamente el 40 por ciento de todos los católicos del mundo. Este evento histórico es un recordatorio de la naturaleza universal de nuestra Iglesia Católica, como una familia atraída por Dios de todas las naciones y pueblos. Y esta ocasión debe hacer que también reflexionemos sobre la importancia de Nuestra Señora de Guadalupe como “Madre de las Américas.” Conocemos la historia de lo que ocurrió en el cerro del Tepeyac, en las afueras de la Ciudad de México, comenzando el 9 de diciembre de 1531. La Santísima Virgen María vino y se identificó como la “Madre compasiva de la humanidad”, y cómo quería ella que un templo fuera construido “para mostrar y dar a conocer y entregar todo mi amor, mi compasión, mi ayuda y mi protección a la gente”. Al principio, el franciscano y primer Obispo de la Ciudad de México, Monseñor Juan de Zumárraga, no creyó el testimonio de Juan Diego, y pidió “una prueba”. María le dio a San Juan Diego la hermosa señal de las rosas y él las envolvió en su manto o tilma y la llevó al Obispo. Cuando abrió el manto para mostrar lo que traía al Obispo, ambos quedaron asombrados de encontrar que ahí había quedado “impresa” la milagrosa imagen de la Señora del Cerro del Tepeyac. La milagrosa tilma de San Juan Diego todavía cuelga en la Basílica de Nuestra Señora de Guadalupe en la Ciudad de México. Y esa serie de apariciones, ahora ya hace casi 500 años atrás, todavía está llena de sentido para nosotros. La aparición de Nuestra Señora de Guadalupe marcó un momento decisivo en la primera evangelización de nuestro continente. Ella vino a nuestras tierras pocas décadas después de los viajes de descubrimiento de Cristóbal Colón. Ella apareció en la imagen de una joven mestiza, con características tanto nativas como españolas, revelando de esa manera hermosa que ella es la madre espiritual de todos los pueblos, y especialmente de los pueblos del ... |
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