Gabriel García Márquez el día que recibió el Premio Nóbel de Literatura en 1982 en el Concert Hall de Estocolmo.
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Gabriel García Márquez el día que recibió el Premio Nóbel de Literatura en 1982 en el Concert Hall de Estocolmo.
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CAMILO RAMOS
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Muchos años después, celebrado como un grande de la literatura universal, el colombiano Gabriel García Márquez habría de recordar que en 1965 sintió en México la revelación definitiva para empezar a escribir "Cien años de Soledad", su novela cumbre que vio la luz en mayo de 1967.
Viajaba en automóvil con su familia entre Ciudad de México y el balneario de Acapulco, en el todavía limpio Pacífico mexicano, y al llegar a Cuervanaca (centro) tuvo un percance de tránsito, por lo que desistió de la travesía y retornó a casa en la capital.
Una de las conjeturas "macondianas" sobre ese episodio indica que una res se le atravesó en el camino, le averió el vehículo y le obligó a volver a Ciudad de México, pero todas, inclusive las contadas por él, coinciden en que en ese instante de enero de 1965 vio por fin las claves que había buscado para escribir su novela.
DIECIOCHO MESES PARA CONCEBIR UNA OBRA INMORTAL
"La tenía tan madura que hubiera podido dictarle allí mismo el primer capítulo, palabra por palabra, a una mecanógrafa", diría García Márquez mucho después, al evocar ese momento de iluminación.
Su colega del "boom" latinoamericano y amigo de entonces, el escritor peruano Mario Vargas Llosa, relató más tarde que "Gabo" se encerró durante 18 meses en el estudio de su casa de Ciudad de México, "provisto de grandes reservas de papel y cigarrillos", para redactar "Cien Años de Soledad".
El escritor colombiano pidió previamente a Mercedes Barcha, su mujer, que no le perturbara "con ningún motivo, sobre todo con menesteres domésticos", según Vargas Llosa, cuyo posterior distanciamiento de García Márquez ha sido objeto de toda clase de elucubraciones.
García Márquez llegó a México el 2 de julio de 1961, el mismo día en que se suicidó Ernest Hemingway, con la pretensión de producir el cine que había aprendido en Roma.
"Gabo" y su familia llegaron al país latinoamericano procedentes de Nueva York, tras atravesar en autobús el sur de Estados Unidos, donde escucharon y leyeron toda clase de frases ofensivas contra los inmigrantes mexicanos.
En la capital les esperaban algunos amigos de toda la vida, como el novelista colombiano Alvaro Mutis, quien no sólo dio ayuda material a García Márquez, sino que le propuso leer a "Pedro Páramo", del mexicano Juan Rulfo,
en un hecho que el
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