Este es el rostro del nuevo Beato Juan Pablo II elegido como imagen oficial de la Ceremonia de Beatificación. Fotografía: GRZEGORZ GALAZKA / Cortesía de la Postulación al Papa Juan Pablo II / CNS; Diseño: JOSÉ VELASQUEZ y concepto: VOA.
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Este es el rostro del nuevo Beato Juan Pablo II elegido como imagen oficial de la Ceremonia de Beatificación. Fotografía: GRZEGORZ GALAZKA / Cortesía de la Postulación al Papa Juan Pablo II / CNS; Diseño: JOSÉ VELASQUEZ y concepto: VOA.
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VIDA NUEVA ZENIT.org
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Juan Pablo II consiguió, “con la fuerza de un gigante”, devolver al cristianismo su fuerza transformadora del mundo, y hacer que los cristianos “dejasen de tener miedo” a serlo, afirmó el Papa Benedicto XVI durante la Homilía de la Ceremonia de Beatificación de su predecesor, en la Plaza de San Pedro.
Ante más de un millón de peregrinos llegados de todo el mundo a Roma para la beatificación, el Papa Benedicto XVI definió al nuevo beato como un “gigante” que dedicó su vida a una “causa”: “¡No temáis! !Abrid, más todavía, abrid de par en par las puertas a Cristo!”.
La gran tarea de Juan Pablo II, explicó, fue superar la confrontación entre marxismo y cristianismo, devolviendo a este último su fuerza capaz de transformar la sociedad y realizar las esperanzas de los hombres.
El Papa polaco, afirmó, “abrió a Cristo la sociedad, la cultura, los sistemas políticos y económicos, invirtiendo con la fuerza de un gigante; fuerza que le venía de Dios, una tendencia que podía parecer irreversible”.
“Con su testimonio de fe, de amor y de valor apostólico, acompañado de una gran humanidad, este hijo ejemplar de la Nación polaca ayudó a los cristianos de todo el mundo a no tener miedo de llamarse cristianos, de pertenecer a la Iglesia, de hablar del Evangelio”.
Es decir, añadió, “nos devolvió la fuerza de creer en Cristo, porque Cristo es Redemptor hominis, Redentor del hombre: el tema de su primera Encíclica e hilo conductor de todas las demás”.
Karol Wojtyla “subió al Solio de Pedro llevando consigo la profunda reflexión sobre la confrontación entre el marxismo y el cristianismo, centrada en el hombre”.
“Su mensaje fue éste: El hombre es el camino de la Iglesia, y Cristo es el camino del hombre. Con este mensaje, que es la gran herencia del Concilio Vaticano II y de su “timonel”, el Siervo de Dios el Papa Pablo VI, Juan Pablo II condujo al Pueblo de Dios a atravesar el umbral del Tercer Milenio, que gracias precisamente a Cristo él pudo llamar ‘umbral de la esperanza’”.
El Papa polaco “dio al Cristianismo una renovada orientación hacia el futuro, el futuro de Dios, trascendente respecto a la historia, pero que incide también en la historia”, afirmó.
“Aquella carga de esperanza que en cierta manera se le dio al marxismo y
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