Publicado el 09-14-2010
BENEDICTO XVI: EL OBISPO, HOMBRE DE ORACIÓNPrimera audiencia a los obispos recientemente nombrados |
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CASTEL GANDOLFO.- Ofrecemos a continuación el primer discurso que el Papa Benedicto XVI dirigió, el pasado sábado 11 de septiembre, a los obispos recientemente nombrados, que se encuentran estos días en Roma, al comienzo de su ministerio, participando en varios seminarios de formación y simposios. * * * * * QUERIDOS HERMANOS EN EL EPISCOPADO, Estoy contento de acogeros y os saludo con gran afecto, con ocasión de vuestro curso de actualización que la Congregación para la Evangelización de los Pueblos ha promovido para vosotros, obispos recientemente nombrados. Estas jornadas de reflexión en Roma, para profundizar en los deberes de vuestro ministerio y para renovar la profesión de vuestra fe sobre la tumba de san Pedro, son también una experiencia singular de colegialidad, fundada en la ordenación episcopal y en la comunión jerárquica. Que esta experiencia de fraternidad, de oración y de estudio en la Sede Apostólica acreciente en cada uno de vosotros la comunión con el Sucesor de Pedro y con vuestros Hermanos, con los que compartís la solicitud por toda la Iglesia. Doy las gracias al cardenal Ivan Dias por sus cordiales palabras, como también al monseñor secretario y al monseñor secretario adjunto que, junto con los colaboradores del dicasterio, han organizado este simposio. Sobre vosotros, queridos Hermanos, llamados desde hace poco al ministerio episcopal, la Iglesia pone no pocas esperanzas, y os sigue con la oración y con el afecto. Yo también quiero aseguraros mi cercanía espiritual en vuestro servicio cotidiano al Evangelio. Conozco los desafíos que tenéis que afrontar, especialmente en las comunidades cristianas que viven su propia fe en contextos difíciles, donde, además de las diversas formas de pobreza, se comprueban a veces formas de persecución a causa de la propia fe cristiana. A vosotros toca el deber de alimentar su esperanza, de compartir sus dificultades, inspirándoos en la caridad de Cristo que consiste en la atención, ternura, compasión, acogida, disponibilidad e interés en los problemas de la gente, por la cual se está dispuesto a empeñar la vida (cfr Benedicto XVI, Mensaje para la Jornada Misionera Mundial 2008, n. 2). En cada una de vuestras tareas sois sostenidos por el Espíritu Santo, que en la Ordenación os ha configurado a Cristo, sumo y eterno Sacerdote. De hecho, el ministerio episcopal se comprende sólo a partir de Cristo, la fuente del Sacerdocio único y supremo, del cual el Obispo es hecho ... |
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