Fotografía tomada en una de las plantas de Tamco Steel, donde se funde acero, en Rancho Cucamonga, California. (Fotografia de VICTOR ALEMAN y Diseño de JOSE VELASQUEZ).
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Fotografía tomada en una de las plantas de Tamco Steel, donde se funde acero, en Rancho Cucamonga, California. (Fotografia de VICTOR ALEMAN y Diseño de JOSE VELASQUEZ).
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VIDA NUEVA Por ALICIA MORANDI
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La unión sindical es la mejor amiga de los trabajadores. Eso es al menos lo que sostiene María Elena Durazo, una de las figuras más conocidas del movimiento laboral en este país. Ella dirige a la Federación Laboral del Condado de Los Angeles, AFL-CIO (Los Angeles County Federation of Labor, AFL-CIO), que agrupa a unos 345 sindicatos con alrededor de 850 mil trabajadores. Recientemente fue nombrada a integrar al Concejo Nacional Ejecutivo del AFL-CIO, y es la primera latina en ocupar un puesto tan relevante en la central de todos los sindicatos de la nación. Desde su nueva responsabilidad buscará exponer más al movimiento laboral de Los Angeles a nivel nacional.
Hija de inmigrantes mexicanos, Durazo sabe bien lo que significa trabajar en labores mal pagados y sin ningún tipo de beneficio. Sus padres, originarios de México, migraban de cosecha en cosecha en los campos agrícolas californianos junto a sus once hijos, en busca del sustento diario. Sencillos y con una fe religiosa a prueba de todo obstáculo, protegían a sus hijos de los abusos que suelen sufrir los campesinos.
“Desde chiquitos todos teníamos nuestro papel; trabajábamos en grupo y mi papá protegía al máximo a la familia, porque había muchos abusos, en especial contra las mujeres, a quienes los capataces exigían favores sexuales”, comenta Durazo, quien aprendió el lenguaje de la tierra durante la pizca de la uva en los veranos.
‘…FORMAMOS ASOCIACIONES ESTUDIANTILES PARA LUCHAR A FAVOR DE LOS INMIGRANTES…’
La enseñanza de valorar la solidaridad humana le llegó de pequeñita cuando falleció un hermano recién nacido debido a que sus padres no tuvieron rápido acceso a un hospital. “Vivíamos en tiendas de campaña y estábamos en un pueblo desconocido, y en una iglesia de allí, los vecinos hicieron una colecta para darle una sepultura digna a mi hermanito. Recibimos el apoyo de esta gente que ni siquiera nos conocía, y nunca se me ha olvidado este acto de solidaridad. Y esto es lo que siempre nuestros padres nos enseñaron. Por más pobres que éramos, nunca dejaban de buscar la forma de ayudar a otros. Incluso, siempre después de Misa iban a visitar a los enfermos en otras aéreas, ¡y lo hacían con tanto entusiasmo! Eso es algo que aprendí de ellos y que aplico en este trabajo que realizo con los sindicatos”.
Cuando termina la secundaria en Fresno, Durazo ingresa a
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