Publicado el 07-07-2006
LA RENOVACIÓN DE LAS URBES Y LOS BARRIOS BAJOS NO TIENE POR QUÉ SER UNA EXPERIENCIA CATASTRÓFICA PARA LOS TRABAJADORES Y SUS FAMILIAS |
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En inglés se le llama gentrification, palabra que el diccionario Oxford traduce como “aburguesamiento”, y se refiere al proceso en que los más adinerados se adueñan gradualmente de un barrio o un área deseable para vivir (por su clima, su ubicación o sus paisajes), desplazando a sus antiguos residentes de escasos ingresos, que deben mudarse a otra parte. En Los Angeles y sus ciudades satélites esto ocurre todo el tiempo, y se puede observar en este momento en lugares como Santa Mónica, Venice, el centro, y aun en sitios que, como el Este de Los Angeles, nadie hubiera sospechado hace apenas unos años. En Venice, una de las áreas más codiciadas de la urbe, viene registrándose desde hace meses una batalla sorda —y mayormente ignorada por la prensa— en torno a Lincoln Place, un complejo de edificios de apartamentos cuyos moradores, acostumbrados a pagar rentas cómodas toda la vida, se encontraron un día con que las cosas habían cambiado. Cuando la propietaria de los edificios se propuso reemplazar los viejos apartamentos por un proyecto más lucrativo de condominios, un centenar de residentes decidió plantarle cara y pelear su derecho a quedarse. Finalmente fueron desahuciados por los agentes del Sheriff. Para entonces, la compañía se había librado ya de la mayoría de los arrendatarios ofreciéndoles, “paquetes” de reubicación e incentivos parecidos a cambio de que entregaran las llaves de sus apartamentos. Por supuesto, cuando los antiguos residentes de un barrio son los propietarios legales de su vivienda los procesos de gentrification caminan más lentos. Pero son inexorables. Tarde o temprano un área residencial rica en atractivos se revalora, los municipios, siempre hambrientos de fondos, envían a sus evaluadores, viene enseguida el incremento al predial o impuesto a la propiedad, los pudientes se adueñan de los mejores lugares, reclaman mejoras a las viviendas que no todos pueden costear (o sencillamente los antiguos residentes van muriendo) y en una década el antiguo barrio arbolado donde hasta un jardinero podía vivir es historia. En teoría, la renovación de un vecindario es un acontecimiento positivo. Suburbios abandonados y sin esperanza se remozan, los barrios y las ciudades renacen de su miseria presente y las propiedades aumentan de valor, con el consiguiente aporte al fisco, que puede invertir en servicios públicos como seguridad, bibliotecas, bomberos, escuelas, mejor alumbrado eléctrico y pavimentación de calles. Parece una cosa deseable para ... |
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