Publicado el 07-07-2006
LA RENOVACIÓN DE LAS URBES Y LOS BARRIOS BAJOS NO TIENE POR QUÉ SER UNA EXPERIENCIA CATASTRÓFICA PARA LOS TRABAJADORES Y SUS FAMILIAS |
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más triste de su historia. Las ventajas que atrajeron a muchos inmigrantes jóvenes a los alrededores del parque en los 70 y los 80 aún existen: rentas más o menos cómodas y acceso fácil gracias al transporte colectivo. Las nannies que crían criaturas ajenas en el Westside y las costureras que cosen pantalones de marca en los talleres del centro, pueden trasladarse a sus empleos usando las rutas de autobús que pasan por el área, y hacer sus compras a pie. Quien se asoma al área en la actualidad puede ver una transformación en marcha. Las rentas van en aumento. Aun personas que tienen empleo a tiempo completo deben juntarse con otras para poder cubrir el alquiler. Decrépitos edificios de apartamentos (los caseros invierten lo menos posible en ellos, esperando un rápido ascenso del valor del suelo) dan paso a torres de condominios. En los apartamentos mejor conservados, estudiantes de USC reemplazan a trabajadores de salario mínimo. Quizá algún día, cuando esos estudiantes sean profesionales o negociantes, tal vez decidan comprar casa en los alrededores. Para entonces el proceso de gentrification, si no se controla, estará bien avanzado. La sustitución de una clase de ciudadanos por otra en un vecindario no es cosa nueva ni exclusiva de Los Angeles. El término gentrification fue originalmente acuñado en Inglaterra para describir el aburguesamiento de barrios enteros de Londres. En New Orleans, poderosas constructoras allegadas a las cúpulas políticas en Washington están capitalizando a lo grande la oportunidad que les abrió Katrina el año pasado. Por supuesto, la Administración Bush no provocó el huracán que inundó los sectores pobres y minoritarios de la ciudad, pero se cruzó de brazos ante un desastre anunciado. Ahora los barrios destruidos por el desborde de las represas renacerán como suburbios pudientes mayoritariamente blancos, y sus antiguos residentes irán a buscar cobijo quién sabe dónde con un paquetito de reubicación bajo el brazo. La renovación de las urbes y los barrios bajos no tiene por qué ser una experiencia catastrófica para los trabajadores y sus familias, pero para ello es esencial que sea manejada con criterios de inclusión, lo que no ocurrirá si se deja librada a las fuerzas del mercado. El parque McArthur, por ejemplo, (o el Este de Los Angeles, donde la inminente construcción de un tren ligero revalorará el valor del suelo a lo largo de su recorrido, de ... |
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