Publicado el 02-22-2010
LA REFORMA DE LA REFORMA LITÚRGICA, SEGÚN EL MAESTRO DE CELEBRACIONES DEL PAPAConferencia de monseñor Guido Marini |
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En nuestro tiempo, ha entrado en nuestro vocabulario común la expresión "celebrar de cara al pueblo". Si con esta expresión se pretende describir el lugar del sacerdote, que debido a la ubicación del altar con frecuencia se encuentra ante la asamblea, se puede aceptar. Pero sería categóricamente inaceptable si quisiera un contenido teológico. Teológicamente hablando, la Misa está siempre dirigida a Dios por medio de Cristo nuestro Señor, y sería un grave error imaginar que la principal orientación de la acción sacrificial es la comunidad. Esta orientación hacia el Señor debe animar interiormente la participación litúrgica de cada quien. Es igualmente importante que esta orientación también sea bien visible en el signo litúrgico. 3. ADORACIÓN Y UNIÓN CON DIOS La adoración es el reconocimiento, lleno de admiración, podríamos decir incluso de éxtasis, (porque nos lleva a salir de nosotros mismos y de nuestro pequeño mundo), del infinito poder de Dios, de su incomprensible majestad, y de su amor sin límite que nos ofrece de manera totalmente gratuita, de su omnipotente y providente señorío. Consecuentemente, la adoración lleva a la reunificación del hombre y de la creación con Dios, al abandono del estado de separación, de aparente autonomía, a la pérdida de uno mismo, que es la única manera para ganarse a uno mismo. Ante la inefable belleza de la caridad de Dios, que toma forma en el misterio del Verbo Encarnado, que murió y resucitó por nosotros, y que encuentra su manifestación sacramental en la liturgia, lo único que podemos hacer es permanecer en adoración. "El acontecimiento pascual y la Eucaristía que lo actualiza a lo largo de los siglos," afirma el Papa Juan Pablo II en Ecclesia de Eucharistia, "tienen una 'capacidad' verdaderamente enorme, en la que entra toda la historia como destinataria de la gracia de la redención. Este asombro ha de inundar siempre a la Iglesia, reunida en la celebración eucarística" (n. 5). "Señor mío y Dios mío", se nos ha enseñado a decir desde la infancia en el momento de la consagración. De este modo, tomando prestadas las palabras del apóstol Tomás, se nos ayuda a adorar al Señor, ... |
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