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VIDA NUEVA Cardenal ROGELIO MAHONY
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Con mucha alegría nos hemos reunido en este día para celebrar la fiesta de la Virgen de Guadalupe. La Virgen, Madre de Dios y nuestra, siempre se ha preocupado por todos sus hijos e hijas. Ella sigue con su labor maternal de escuchar las súplicas, las penas, las alegrías, y las preocupaciones de todos nosotros.
Aunque nos ama a todos, María siempre ha tenido una relación muy especial con nuestro pueblo en los distintos rincones de esta América Nuestra, todos hemos vivido la experiencia de tener una advocación de María presente en nuestro caminar como cristianos, como creyentes, como fieles seguidores de Jesús.
“¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?” María de Guadalupe continúa mostrándonos ese cuidado maternal, y siempre presente, que debe de conducirnos a su Hijo Jesús y debe de llevarnos a un compromiso más claro y alentador con el Evangelio de Jesús.
Quiero en este momento compartir con ustedes algunas reflexiones en torno al modelo perfecto de cristiano creyente que nos pone María con su dedicación, con su aceptación de la misión, con su respuesta afirmativa, con su “SÍ” sin reservas al “Dios Verdadero, por quien se vive”.
Primero, no podemos olvidar ante todo, que María es madre y modelo de la Iglesia; fue su “SÍ”, el que hizo posible continuar con el plan salvífico de Dios, haciendo que su Hijo Jesús se encarnara en su vientre; su “SÍ” la condujo hasta el pie de la cruz para después seguir acompañando a la Iglesia.
El “SÍ” de María se repite en la historia del hecho guadalupano. Ella aceptó el acompañar a un nuevo pueblo para poder adherirse a la fe en Cristo, el Salvador. Su cercanía y su forma de presentarse al indio Juan Diego, hoy san Juan Diego, lo motivó a él, también a decir un “SÍ” a la misión que le encomendaba, porque sintió en su corazón que algo grande de parte de Dios se presentaba en medio de su pueblo.
Este evento milagroso es el que llevó a nuestros antepasados a aceptar con un “SÍ” el mensaje de Jesús y sus buenas noticias; fue este “SÍ” el surgimiento de un nuevo pueblo que continúa aceptando el mensaje y tratando de vivir de acuerdo a esta fe que María de Guadalupe trajo a
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