Rigoberta Menchu en Los Angeles, California. (foto Victor Aleman)
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Rigoberta Menchu en Los Angeles, California. (foto Victor Aleman)
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SARAHI ROSAS
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quien se convirtiera en jefe de gobierno a principio de 1982 y finales de 1983 por un golpe de estado y que actualmente funge como presidente del Congreso de Diputados en Guatemala.
“Remover y desenterrar los recuerdos”, como Menchú llama al hecho de volver a hacer las investigaciones sobre la muerte de su familia durante la guerra, la llevó a nuevas conclusiones y a sospechar que todo fue un plan trazado con premeditación, según explica. “Yo no había entendido el papel de mi familia en este proceso hasta que no estalló un escándalo de un grupo de antropólogos norteamericanos de extrema derecha, que lanzaron una campaña difamatoria en contra de mi persona. Un día, aparecieron en los periódicos guatemaltecos los grandes titulares que decían ‘Rigoberta miente, porque su padre no fue quemado con fósforo blanco como ella dice, sino posiblemente con queroseno, y miente porque su hermano Patrocinio no fue aniquilado en el lugar donde ella asegura, sino que fue en otro lugar’. Toda esa polémica impactó muy fuerte a la familia, sobre todo porque lo que queriamos era superar el trauma que dejó la muerte de mis padres, la separación de la familia, el exilio y todo lo demás. Y por lo que ya habíamos trabajado con el proyecto de REMHI (Recuperación de la Memoria Histórica, proyecto de la Iglesia Católica encargado de la documentación de los casos de víctimas de la guerra).
“Cuando Naciones Unidas preparaba su informe sobre lo acontecido en mi país, opté por pasar la palabra a las familias de sobrevivientes. Los comisionados de la ONU llegaron a mi casa y pidieron mi testimonio para el informe, diciéndome que querían que les volviera a contar mi historia, les dije que era más importante oír a los demás. El caso de mi familia ya lo hemos contado muchas veces -les dije- y nos han escuchado, hemos aportado lo que hemos podido. Lo hicimos porque lo consideramos parte del resarcimiento. Pero cuando me tildaron de mentirosa, me di cuenta que había el riesgo de que corrientes revisionistas, no sólo por su posición conservadora, sino por complicidad con los genocidas, terminarían cambiando la historia y me dio temor pensar que al final su versión fuera la que se convirtiera en la verdad de las víctimas. Por eso volvimos a la investigación, a caminar sobre los pasos ya dados. Al final me di
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