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“Unicamente la roca del amor total e irrevocable entre el hombre y la mujer tiene la capacidad de servir como base para una sociedad que pueda ser hogar para todos los seres humanos”.
-Papa Benedicto XVI, dirigiéndose al Instituto Juan Pablo II para los Estudios sobre el Matrimonio y la Familia, 11 de mayo de 2006.
El tema de discusión que tenemos ante nosotros con la Proposición 8 es el “matrimonio” –una institución humana antigua, sin embargo moderna, la cual ya existía desde antes que existiera la Iglesia y el gobierno–. La historia nos enseña que el matrimonio es esencial para las sociedades estables, prósperas y hospitalarias. Aunque existen diferencias culturales, lo que nunca ha cambiado es que el matrimonio es la relación ideal entre un hombre y una mujer con el propósito de la procreación y la continuación de la raza humana.
El 15 de mayo de 2008, la Corte Suprema de California falló que la ley actual que define el matrimonio como una unión entre un hombre y una mujer es inconstitucional. Este cambio radical de una norma pública tendrá muchos efectos profundos en nuestra sociedad porque:
• No toma en cuenta la realidad biológica y orgánica del matrimonio, y la profundidad de su arraigo en nuestra cultura, nuestro idioma y nuestras leyes, además de que ignora la interpretación común de la palabra matrimonio; y debido a que:
• Rebaja la palabra “matrimonio” para que signifique solamente una “asociación”, meramente un arreglo contractual entre adultos mayores de 18 años. Los hijos, –si es que los hay– ya no son la razón fundamental para la institución dentro de la sociedad.
Como maestros de la fe, invitamos a nuestros fieles católicos a que formen sus conciencias cuidadosamente. Hacemos eso tomando lo que nos ha sido revelado en las Escrituras, la sabiduría de la Tradición, la experiencia y la perspicacia de las mujeres y hombres santos, al igual de lo que se puede saber tan sólo por la razón.
Cristalizando la enseñanza sobre el matrimonio, el Catecismo de la Iglesia Católica (1603, 1604) proclama:
“El mismo Dios es el autor del matrimonio. La vocación al matrimonio se inscribe en la naturaleza misma del hombre y de la mujer, según salieron de la mano del Creador. El matrimonio no es una
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