Publicado el 08-07-2008
RENOVANDO LA ESPERANZA, BUSCANDO JUSTICIAConferencia Nacional de Migración 28 de julio, 2008 Washington, DC |
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la tierra fue un predicador itinerante, “sin lugar para descansar su cabeza” (Mateo 8,20), Jesús, María y José fueron refugiados, huyendo del terror de Herodes en Egipto. En el evangelio de Mateo, Jesús nos enseña a “acoger al extranjero” porque “cualquier cosa que ustedes hicieron por esos hermanos míos, ustedes lo hicieron por mí” (Mateo 25, 40). Este es quizá el pasaje central del evangelio que guía el trabajo y la enseñanza de la Iglesia hacia el inmigrante. Pero nosotros también encontramos verdad en cómo Cristo interactuó con otros, particularmente con aquéllos que no eran bienvenidos en la sociedad o que eran rechazados y puestos al margen de los sistemas sociales, políticos y económicos de su tiempo. En el evangelio de Juan, Jesús encuentra a la mujer samaritana en el pozo (Jn 4, 4-42). Como ustedes saben, los samaritanos eran considerados una clase inferior en Judea, personas con las cuales muchos judíos no se asociaban. Y las mujeres eran consideradas lo más bajo en la escala social. Así, al simpatizar con la mujer, Jesús estaba realizando un acto de transformación, en el cual las normas sociales equivocadas y las diferencias étnicas fueron puestas de lado para hacer espacio a una nueva ley, la ley de Dios, en la cual todos somos hermanos y hermanas en Cristo. La mujer samaritana está tan conmovida que proclama que ha encontrado al Mesías. Nosotros podemos aprender de la vida de Cristo aquí. Como Él, nosotros vamos a acoger al extranjero de otra tierra, y al hacerlo así, vamos a propagar el amor de Cristo y a ayudar a transformar el mundo. Pero Jesús también llegó a las autoridades del gobierno: Llamó a los recaudadores de impuestos, como Zaqueo, y Mateo lo siguió; resucitó de la muerte a la hija del soldado romano, y perdonó a los que lo clavaron en la cruz. Así, también nosotros debemos llegar a nuestras autoridades de gobierno –legislativas y administrativas– involucradas en el proceso de migración, y trabajar por el entendimiento mutuo y la reconciliación. En su encíclica Spe Salvi, nuestro Santo Padre habla del significado de la esperanza, nacer en Cristo, y cómo la esperanza cristiana se realiza mediante la perseverancia y la acción, pero no sin sufrimiento. Su mensaje es aplicable a la lucha que el inmigrante –así como la Iglesia acogiendo al inmigrante– enfrenta ... |
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