El Cardenal Rogelio Mahony junto al arquitecto Rafael Moneo, enfrente de la Catedral de Nuestra Señora de los Angeles. (Foto Victor Alemán)
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El Cardenal Rogelio Mahony junto al arquitecto Rafael Moneo, enfrente de la Catedral de Nuestra Señora de los Angeles. (Foto Victor Alemán)
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VICTOR ALEMAN Y MIKE NELSON
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la cual sólo puedo creer que Dios nos la tenía reservada en su providencia. ¿De qué otra manera pueden ustedes explicar que estuviera ahí un terreno tan grande, sin edificaciones, que se usaba sólo para estacionamiento y que nadie quería?
En junio de 1996 comisionamos al profesor José Rafael Moneo para diseñar la nueva catedral. En julio abandonamos el viejo sitio y el 14 de septiembre de 1996, el Comité de Asesoría del Complejo de la catedral visitó ocho posibles sitios, la mayoría de ellos en el centro. Temple y Grand fue el último que visitamos, y por aclamación, el comité eligió este.
P: ¿Cuál fue el proceso de diseño y conceptualización entre usted y Moneo? ¿Hubo mucho estira y afloja de ideas?
R: En noviembre de 1996, conocí a Moneo en Madrid, con el señor Daniel Donohue (que encabeza la Fundación Dan Murphy, donante principal de la catedral, y Bill Clóse (Vicepresidente del Comité de Asesoría), donde él nos presentó el primer modelo de la catedral en cartón blanco. Todos estábamos un poco asustados de lo que veíamos, aún por el hecho de que era cartón, el cual tiene una austera calidad para ello. Aun así, se trataba de un diseño y una estructura únicos.
Pero cuando Moneo comenzó a explicarlo -cómo capturar la luz natural; cómo tenía el tema del complejo de una Misión; cómo usaba un color de adobe; cómo conectaba todo esto- realmente tenía sentido. Y a partir de ese primer modelo, cambió muy poco en el diseño exterior, excepto alguna cosita aquí y allá.
P: Al comienzo de este proceso, usted habló de la necesidad de una nueva catedral desde un punto de vista litúrgico, no solamente algo que reemplazara un edificio dañado.
R: Sí, absolutamente. Santa Vibiana tenía un santuario muy pequeño, no tenía capacidad para grandes procesiones o movimiento, no había manera de conectarse con la gente. Tenía un altar alto y situado lejos y por encima de cualquiera en la asamblea. Y los asientos eran totalmente inadecuados: para una liturgia importante, usted tenía que dar la mitad de los asientos a los sacerdotes, y todos los demás quedaban fuera.
En nuestra nueva catedral, el altar está al nivel de la gente, de modo que la visibilidad es mucho más grande y no hay columnas en el camino. Tenemos la capacidad de tener a todos los
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