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ZENIT.org
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Benedicto XVI presentó este sábado a los jóvenes en Nueva York seis modelos de vida de venerables, beatos, o santos estadounidenses o inmigrantes a este país, unidos por el amor a Dios y los hermanos.
Se trata de santa Isabel Ana Seton, santa Francisca Javier Cabrina, san Juan Neumann, de la beata Kateri Tekakwitha, del venerable Pierre Toussaint y del padre Félix Varela.
Sus imágenes se encontraban ante los más de 20.000 jóvenes que junto a los seminaristas participaron en una vigilia con el Papa en el campo de deportes del seminario de San José de Nueva York.
Se trata de «hombres y mujeres ordinarios que se superaron para llevar una vida extraordinaria», comenzó explicando el papa.
«Cada uno respondió a la llamada de Dios y a una vida de caridad, y lo sirvió aquí en las calles y callejas o en los suburbios de Nueva York».
«Me ha impresionado la heterogeneidad de este grupo: pobres y ricos, laicos y laicas -una era una pudiente esposa y madre-, sacerdotes y religiosas, emigrantes venidos de lejos, la hija de un guerrero Mohawk y una madre Algonquin, un esclavo haitiano y un intelectual cubano».
La primera, santa Isabel Ana Seton, una neoyorquina que vivió entre 1774 y 1821, es la primera santa canonizada de Estados Unidos. Fundó las Hermanas de la Caridad de San José, para atender a los más necesitados, después de haberse quedado viuda a los 29 años con cinco hijos y de haber abrazado la fe católica.
Santa Francisca Javier Cabrini (1850-1917), de origen italiano, se convirtió en Estados Unidos en la gran apóstol de los inmigrantes, que descargaban en Nueva York los barcos procedentes de Europa. Fundó las Misioneras del Sagrado Corazón.
El tercer santo que el Papa propuso como modelo a los chicos y chicas estadounidenses es Juan Neumann, obispo de Filadelfia, pero nacido en Europa, en Prachatitz, en la actual República Checa, en 1811, y fallecido en su diócesis en 1860. Miembro de la Congregación de los Redentoristas, como obispo, fue el primero en organizar un sistema diocesano de escuelas católicas. En Filadelfia abrió 98 escuelas (cuando él llegó la diócesis sólo tenía dos), así como a las Hermanas de la Tercera Orden de San Francisco para enseñar
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