"A partir de este día, las piedras de este edificio cantarán, repitiendo a través de los años, hablando del amor y la justicia, a través de la vida de todos los que vienen y van desde esta 'casa de oración para todos los pueblos'", dijo el Cardenal Mahony
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"A partir de este día, las piedras de este edificio cantarán, repitiendo a través de los años, hablando del amor y la justicia, a través de la vida de todos los que vienen y van desde esta 'casa de oración para todos los pueblos'", dijo el Cardenal Mahony
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CARDENAL ROGELIO M. MAHONY
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Catedral, delante de la altísima catedral en Antwerp. En nuestra Plaza de la Catedral, los sueños de vida cooperativa -aun con aquéllos que nunca se acercan a la puerta de la catedral- caminarán por las piedras de la plaza. Unida a las Plazas de Catedrales a través de los años, y por todo el mundo, es desde nuestra plaza que vamos adelante, forjando eslabones para el comercio, en las ferias y puestos de venta; enlaces para la política, en las voces preocupadas por una sociedad más justa. La plaza es un lugar para el diálogo al aire libre acerca de la grandeza que nosotros, juntos, podemos lograr como ciudad.
Los enlaces entre las clases sociales también son fortalecidos. El gran obispo San Juan Crisóstomo insistía en que los ricos alternaran con los pobres en la plaza, expresando la unidad celebrada en la Eucaristía. Estamos unidos también en aquellas celebraciones que nos recuerdan que Dios es glorificado cuando la familia humana está plenamente, aun de manera juguetona, viva: en las fiestas y dramas religiosos fuera de los peldaños de la catedral. Aquí en Los Angeles hemos construido una espaciosa plaza que demuestra la relación de la catedral con los anhelos de nuestra gran ciudad. Escuchando las palabras: "La Misa ha terminado. Vayan en Paz", somos enviados a ser levadura y una luz para el corazón de esta ciudad, de cada ciudad. Es el Espíritu de Dios, Espíritu de Cristo, que nos mueve a hacer más en y a través de nosotros de lo que hubiéramos podido jamás pedir o imaginar.
Conclusión
Es uno y el mismo Espíritu que condujo a los franciscanos en el siglo 18 a evangelizar California, llevando el mensaje del Evangelio mientras recorrían el Camino Real. Este es el Espíritu de Dios, Espíritu de Cristo, que ha desafiado y consolado generación tras generación de católicos en todo el Sur de California, y hoy nos ha reunido aquí para la liturgia de consagración de la Catedral de Nuestra Señora de los Angeles.
Es el mismo Espíritu quien se mueve en nuestros corazones mientras nos preparamos para hacer la Profesión de Fe por primera vez en la catedral, nuestras voces levantadas en la proclamación de una fe viva desde el tiempo de la iglesia apostólica hasta ahora, en este tiempo y en este lugar. Dejemos que nuestra proclamación haga eco hasta los confines de la tierra:
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