"A partir de este día, las piedras de este edificio cantarán, repitiendo a través de los años, hablando del amor y la justicia, a través de la vida de todos los que vienen y van desde esta 'casa de oración para todos los pueblos'", dijo el Cardenal Mahony
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"A partir de este día, las piedras de este edificio cantarán, repitiendo a través de los años, hablando del amor y la justicia, a través de la vida de todos los que vienen y van desde esta 'casa de oración para todos los pueblos'", dijo el Cardenal Mahony
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CARDENAL ROGELIO M. MAHONY
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cuando eso ocurra, esta majestuosa catedral comenzará a cumplir el sueño y a satisfacer las expectativas que hemos tenido desde sus comienzos. Solamente cuando eso suceda, habrán valido la pena todos los esfuerzos, luchas y recursos puestos para hacer esta catedral una realidad. (...)
Cuando la Palabra transformadora de Dios se arraiga en nuestra vida, la luz de Dios puede brillar sobre nuestro corazón. Como el salmista ora tan ardientemente: "En tu luz vemos la luz" (2). Una de las características más llamativas de este edificio está adelante, cuando los rayos del sol juegan en el interior de la catedral, resaltando los matices de los colores y la estructura, reflejándose en el alabastro que ata este espacio. Esto evoca una conciencia de la brillante luz del amor de Dios que nos inunda y nos baña con su calidez y su curación.
Nadie debe dejar este lugar sin haber sido tocado por la Palabra de Dios que rehace. Una familia de viaje, turistas, choferes de camiones de carga o un transporte colectivo de compañeros de trabajo en el Hollywood Freeway; una persona solitaria o un grupo pequeño que venga a orar; personas en el vecindario para quienes este será su lugar regular de celebración -su iglesia local es una gran catedral- cada uno sentirá el toque y la presencia de Dios y estará abierto a Su luz, tocando los más profundos lugares de su interior, la geografía de sus propios corazones.
La Palabra de Dios siempre nos llama a ir más allá de nuestros miedos y limitaciones, a tomar riesgos que nos modelan más y más en la imagen de Dios. Cualquiera que venga aquí, debe continuar su jornada con un espíritu reabastecido de respeto por todas las demás personas, de manera especial, dando gracias por el don de la diversidad étnica en este gran centro urbano. En este espacio no se van a encontrar rastros de discriminación o de racismo, El templo de Dios es una casa para todas las gentes. Todos están invitados al banquete. Nadie está excluido a causa de su raza, color, género o nacionalidad. Ni tampoco -como nos enseña Zaqueo- este es un lugar sólo para los que se encargan de mantener cada uno y todos los detalles de la ley.
Estén seguros de que el Evangelio de la Vida será proclamado aquí en su plenitud, y cada vida humana, desde sus
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