Después de su bautizo, la Catedral de Nuestra Señora de los Angeles abrió sus puertas a su feligresía multirracial y multicultural. (Foto Victor Aleman)
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Después de su bautizo, la Catedral de Nuestra Señora de los Angeles abrió sus puertas a su feligresía multirracial y multicultural. (Foto Victor Aleman)
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PATRICIA PRIETO
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inciensaron a la asamblea. Con este rito, se elevó simbólicamente la oración de dedicación hasta Dios.
Ya purgado el altar y la asamblea en su totalidad, un grupo de feligreses de diversas razas y grupos étnicos (conformado por afroamericanos, africanos, samoanos, nativoamericanos, latinos, filipinos y anglosajones) aparecieron en escena portando en sus manos telas distintivas de su propia cultura con las que se revistió por primera vez la mesa del altar. Cubierta ya la mesa, el Cardenal Mahony prendió el primer Cirio Pascual que le dio luz física y espiritual a la nueva catedral. Encendido el Cirio, una docena de representantes laicos y religiosos de los diversos ministerios de la Arquidiócesis prendieron las veladoras con las que se transportó la "llama sagrada" que dio luz al resto de las veladoras del templo. Mientras se desarrollaba el rito, lentamente, se fue subiendo la luz energética del templo esparciendo simbólicamente la "llama espiritual" sobre la asamblea y toda la Casa de Dios.
Celebración Eucarística
Quedando con estos ritos bautizado tanto el altar como el templo, un grupo de laicos se encargó de poner los primeros arreglos florales en honor a Nuestra Señora de los Angeles. La familia Ramos de la Iglesia de San Antonio (San Gabriel) fue la encargada de colocar el arreglo floral que decoró el altar. "Esto fue para nosotros un momento muy especial -dice Stephane Ramos, quien fue acompañada por cuatro de sus seis hijos, quienes lucían diversos trajes típicos mexicanos-. Hemos participado en diversas ceremonias religiosas, pero ésta fue única, porque participamos en un momento histórico para nuestra iglesia y nuestra ciudad y nuestros hijos pudieron conectarse directamente con sus raíces culturales y religiosas".
Decorado con flores el templo, el Cardenal le dio el primer beso al altar y se dio comienzo a la primera celebración de Eucaristía, que incluyó la entrega de las ofrendas; la consagración del vino y el pan, que se convirtió en el cuerpo y la sangre de Cristo que fueron repartidos por cientos de sacerdotes y obispos durante la Sagrada Comunión.
Los primeros en recibir la comunión fueron los cientos de voluntarios que participaron en la ceremonia de apertura. Al recibir la última persona el cuerpo de Dios, el Cardenal condujo el cuerpo de Dios ya consagrado hasta el tabernáculo del templo, donde permanecerá vivo para el resto de las futuras generaciones.
Depositado el Santísimo
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