En la Iglesia Resurrección, los Obispos de Los Angeles Oscar A. Solis(podium); Gabino Zavala (izq.)y Alexander Salazar, anunciaron un llamado a nivel estatal por una reforma de inmigración comprehensiva. /Foto: Víctor Aleman
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En la Iglesia Resurrección, los Obispos de Los Angeles Oscar A. Solis(podium); Gabino Zavala (izq.)y Alexander Salazar, anunciaron un llamado a nivel estatal por una reforma de inmigración comprehensiva. /Foto: Víctor Aleman
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Cada uno de nosotros desea y necesita pertenecer a una familia, a una comunidad, o a un país. Como católicos, tenemos el privilegio de pertenecer al cuerpo de Cristo, su Iglesia. Las enseñanzas de la Iglesia Católica, que tienen sus orígenes en las Escrituras y en la rica Tradición que data más de 2,000 años, nos llevan a entender que el amarnos y ayudarnos los unos a los otros (a nuestra familia y a nuestro prójimo), es una condición para pertenecer al Cuerpo de Cristo.
Nuestro Santo Padre, el Papa Benedicto XVI, en su reciente encíclica, Deus Caritas Est, basándose en la parábola de Jesús sobre el Buen Samaritano nos recuerda lo siguiente:
“Cualquiera que tenga necesidad de mí y que yo pueda ayudar es mi prójimo… el amor del prójimo es un camino para encontrar también a Dios, y cerrar los ojos ante el prójimo nos convierte también en ciegos ante Dios”.
Al reflexionar sobre las enseñanzas de la Iglesia en torno a la ayuda que debemos brindar a nuestro prójimo, al igual que en los motivos del “problema de la inmigración” actual, hacemos las siguientes observaciones:
En nuestra experiencia, la gran mayoría de los inmigrantes indocumentados en América, no son delincuentes: Ellos emigran para poder buscar un trabajo que les proporcione sostenimiento para ellos y sus familias. Ellos trabajan en las industrias que son importantes para California y para la nación, como lo son la agricultura, los servicios y la construcción. Nuestro sistema de inmigración actual es anticuado, ya que no contiene suficientes visas de trabajo para que los trabajadores migrantes ingresen al país de manera segura, legal y ordenada.
Como obispos católicos, reconocemos que nuestro país tiene el derecho y la necesidad de mantener nuestras fronteras y hacer cumplir nuestras leyes. Sin embargo, advertimos que al hacerlo, nuestro gobierno deberá respetar los derechos y la dignidad de los seres humanos, así como minimizar la separación de las familias. Consistentemente hemos sostenido que el reestructurar las políticas para abocar todos los aspectos de la inmigración es la manera correcta de salvaguardar nuestro país, hacer que nuestras comunidades sean seguras, y resolver efectivamente el problema de la inmigración no autorizada a nuestro país.
Sugerimos los siguientes elementos que deben considerarse al reestructurar las políticas migratorias:
• Visas temporales
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