Las últimas estadísticas policiales indican que el crimen tiende a bajar en Los Angeles, pero si no hay una reforma auténtica del sistema carcelario esta vez, podríamos estar a las puertas de un verano violento.
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Las últimas estadísticas policiales indican que el crimen tiende a bajar en Los Angeles, pero si no hay una reforma auténtica del sistema carcelario esta vez, podríamos estar a las puertas de un verano violento.
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MARICELA VILLAFRANCO
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Los zafarranchos estallaron un sábado. Latinos contra negros. Alrededor de dos mil presos se apoderaron de cuanto fierro pudieron (y los había en exceso, debido a que las literas de metal donde duermen los internos no estaban fijadas a las paredes y los pisos, tal como prescriben los reglamentos) y se armó una tremolina con dos mil presos, que dejó un muerto y alrededor de cien heridos graves. A los agentes del Sheriff, que son los carceleros del condado, les tomó más de tres horas –y buena cantidad de gas pimienta y gas lacrimógeno– para sofocar la pelea.
Esto ocurrió el 4 de febrero en el centro de detención de Pitchess, y desde entonces ha habido alrededor de una docena de estallidos similares, unos más intensos y masivos que otros, además de un segundo muerto, afroamericano igual que el primero, en la Prisión Central de Hombres.
Las autoridades lo han intentado todo: segregación de los presos por raza, encierro forzado en las celdas, suspensión de las visitas familiares y del acceso a teléfonos y televisores, e incluso, según dio a conocer el sábado pasado Los Angeles Times, el extremo de despojar a más de un centenar de presos de su ropa y sus colchones “para que no tuvieran lugar donde ocultar un arma”. Pero ni esos correctivos y medidas han bastado para acabar con los enfrentamientos. Este martes se produjo otro en Pitchess, con el resultado que 4 internos fueron hospitalizados.
Las peleas entre presos no son un fenómeno reciente en las prisiones del condado de Los Angeles. Según Advancement Project Los Angeles, organización que busca aplicar principios de derechos civiles para reformar las instituciones públicas y que desde hace años trabaja en ese plan con el Departamento del Sheriff, alrededor de 150 refriegas tuvieron lugar en Pitchess en los 90, predominantemente entre bandos latinos y afroamericanos. Igual que el actual sheriff del condado, su predecesor, Sherman Block, recurrió a la separación de presos por raza por la misma razón, pero sin mayor éxito. Las peleas en prisión figuraron en su récord hasta el último momento. Aunque la Suprema Corte de Justicia no admite la segregración racial en las cárceles, hace una salvedad en casos de emergencia. La Asociación Americana de Libertades Civiles (ACLU) dijo en febrero que estaba bien separar a los presos por raza, siempre y cuando fuera una medida temporal y
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