Las últimas estadísticas policiales indican que el crimen tiende a bajar en Los Angeles, pero si no hay una reforma auténtica del sistema carcelario esta vez, podríamos estar a las puertas de un verano violento.
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Las últimas estadísticas policiales indican que el crimen tiende a bajar en Los Angeles, pero si no hay una reforma auténtica del sistema carcelario esta vez, podríamos estar a las puertas de un verano violento.
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MARICELA VILLAFRANCO
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con tal que el Departamento del Sheriff abordara las cuestiones de fondo en las prisiones: la falta de personal entrenado y la sobresaturación en los pabellones de presos.
Segregar a los presos, por otro lado, crea problemas adicionales al permitir nuevas combinaciones explosivas. Existen en prisión más de cuarenta distintas categorías que no siempre conviene mezclar: presos de alta, mediana y baja peligrosidad, delincuentes de cuello blanco, pederastas, enfermos de distintas clases, homosexuales, informantes, etc. Wayne Tyznor, el hombre que murió en Pitchess el 4 de febrero, estaba en prisión por infringir los términos de su libertad condicional (tenía que anotarse en el registro de depredadores sexuales y no lo hizo). Por alguna razón, el día que perdió la vida, compartía celda con presos violentos.
El Departamento del Sheriff maneja cuatro prisiones: Pitchess, un complejo ubicado a la par de la autopista 5, entre Santa Clarita y el lago Castaic, dividido en tres instalaciones: Este, Norte y Condado Norte; Miraloma, administrado por el Sheriff bajo contrato con la Policía de Inmigración; la Cárcel Central de Hombres, indicada para reos de máxima peligrosidad, en el centro de Los Angeles, y las Torres Gemelas, al otro lado de la calle del anterior, para internas femeninas y enfermos mentales. La población carcelaria del condado anda por los 20,000 internos y la Ley no tiene suficiente personal para vigilarlos. En ocasiones, según testimonios presentados por el Departamento del Sheriff ante la Junta de Supervisores, la relación guardias-presos ha llegado a ser de setenta a uno, lo que pinta un cuadro desesperante. A pesar de que el año pasado la Junta de Supervisores aprobó una partida de setenta millones de dólares para el reclutamiento de nuevos agentes, el Sheriff pierde más elementos de los que alcanza a incorporar. Se dice que el requisito de servir cierto número de años como guardias en prisión antes de incorporarse al patrullaje en las calles, una condición de la que están exentos otros cuerpos del orden, aleja a muchos agentes del Departamento.
Por otro lado está lo que podría llamarse hiperconcentración del elemento violento en las prisiones. Ya en los tiempos de Sherman Block se empezó a liberar a docenas de presos no violentos antes de que cumplieran su condena. Era la respuesta a los recortes presupuestarios, que empezaron a volverse comunes a principios de los 90. Mandaba en Sacramento Pete
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