Estudiantes del Virginia Tech sostienen velas durante una vigilia en la universidad en Blacksburgh. Cho Seng-Hui, un estudiante surcoreano, fue identificado como el pistolero que mató a 32 personas el 16 de abril en la universidad antes de suicidarse.
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Por PATRICIA PRIETO
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adultos. Si analizamos la sociedad en general, o las legislaciones que están saliendo (particularmente aquellas que conciernen a las armas), vemos que no se están desarrollando con objetivo de proteger a los niños. ¿Cómo podemos describir a una sociedad que invierte millones de dólares para construir cárceles y apresar a los jóvenes, a sabiendas de que ésta no es la solución? ¿Por qué no se invierte más en educación, en los programas preventivos o actividades recreacionales que prevendrían las actividades criminales juveniles?
“Si nos sentamos a analizar estos puntos, veremos que algo anda mal en las instituciones de nuestra sociedad. Necesitamos crear un sistema de valores que nos enseñe cómo cuidar de nuestros niños, ancianos y necesitados. Y para esto, tenemos que desarrollar programas a todos los niveles, en las iglesias, comunidades base y escuelas, para que unidos reduzcamos el stress social que actualmente está oprimiendo a los niños y a la juventud.
Muchas armas en las calles
De acuerdo al doctor Michael Rodríguez, director asociado del Pacific Center for Violence Prevention, con sede en San Francisco, California, el problema de la violencia en los niños y adolescentes de hoy está provocada, en gran parte, por el fácil acceso que tiene la juventud a las armas de fuego. “Particularmente en el Sur de California, –afirma Rodríguez–, donde se produce un gran porcentaje de las pistolas que se fabrican en los Estados Unidos. Los muchachos pueden comprarlas muy fácil y a precios muy baratos.
“Después de varios años de estudios y análisis sobre el problema, hemos comprobado que los jóvenes tienen más probabilidad de encontrar la muerte cuando portan armas. Y si no son asesinados, quedan con serias lesiones que los dejan completamente paralíticos o parapléjicos. Estos, sin contar los efectos sicológicos que quedan en ellos y en los niños y otros adolescentes que fueron testigos del incidente.
“La violencia juvenil generada por las armas de fuego no es algo nuevo. Por años ha venido diezmando a los adolescentes de los barrios minoritarios, particularmente en las áreas pobres. Pero, hasta ahora, que los casos se están presentado en otras comunidades de clase media o de blancos, se le está poniendo la atención que exige: ser tratada como un problema social que tiene sus efectos en la salud poblacional. Sobre todo en estos días, donde los niños tienen
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