|
|
|
|
|
Por MIGUEL PÉREZ DE LABORDA, «Philosophica»
|
|
verlo todo al mismo tiempo, oírlo todo, estar presente en todas partes y preocuparse de todo al mismo tiempo» [Recuerdos I, 4, 18].
Sócrates afirma también que ha quedado un reflejo de su grandeza en las cosas visibles, y que por tanto a través de éstas podemos tener un cierto conocimiento de la Inteligencia que las ha ordenado, aunque no podamos conocerla directamente:
El dios que ordena y abarca todo el universo, en quien reside toda bondad y toda belleza y las mantiene continuamente para nuestro uso intactas, sanas y sin vejez, sirviéndonos sin fallo más rápidamente que el pensamiento, este dios se deja ver como realizador de las más grandiosas obras, pero como regente de todo es para nosotros invisible. Reflexiona que hasta el sol, que parece que todos lo ven, no permite a los hombres mirarlo con fijeza, y si alguien intenta mirarlo desvergonzadamente, le quita la visión [Recuerdos IV, 3, 13-14].
Al leer estos pasajes de Jenofonte, y compararlos con las escasas informaciones que proporciona el Platón de los primeros diálogos, muchos se han preguntado cuál es la razón por la que Platón no presenta en modo desarrollado la teología de Sócrates. Algunos han creído ver en ello una prueba de que tales doctrinas eran del propio Jenofonte, o de que las había tomado de otros autores (algunas, en efecto, estaban ya presentes en pensadores anteriores a Sócrates). Pero algunos testimonios de Platón y Aristóteles nos permiten suponer que, al menos en sus rasgos fundamentales, eran de Sócrates. Por ello, la respuesta más convincente para explicar las ausencias en las obras platónicas me parece que la da Reale: el tipo de argumentación que Sócrates presentaba acerca de los dioses no era metafísico, sino más bien intuitivo; un razonamiento por tanto que podía parecer convincente a un hombre como Jenofonte, pero que dejaba insatisfecho a Platón, que creyó conveniente fundar de un modo nuevo estas doctrinas [Reale 2001: 267-8].
No hay que olvidar, de todos modos, que el propio Platón presenta ya algunos de los elementos de esta teología: el mandato divino del que habla en la Apología presupone un dios inteligente y atento a las necesidades de la ciudad; y afirma además que los dioses no se desentienden de las dificultades del hombre bueno [Apología 41d].
En cualquier caso, es evidente no sólo que
...
|