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Por MIGUEL PÉREZ DE LABORDA, «Philosophica»
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puesto que afirmas que el sol es una piedra y la luna, tierra.
Sócrates: ¿Crees que estás acusando a Anaxágoras, querido Meleto? ¿Y desprecias a éstos y consideras que son desconocedores de las letras hasta el punto de no saber que los libros de Anaxágoras de Clazómenas están llenos de estos temas? [Apología 26d].
Criticó también las concepciones antropomórficas de la divinidad, negando sobre todo que los dioses pudiesen cometer acciones que serían impropias hasta de los hombres: guerras y enemistades entre ellos, desacuerdos y discusiones sobre qué es el cometer injusticias, y toda clase de acciones inmorales [Eutifrón 5-7]. El dios de Sócrates, por el contrario, «es invariablemente bueno, incapaz de causar ningún mal a ninguno, de ningún modo y en ningún momento» [Vlastos 1991: 173].
En este caso, el testimonio más completo de las doctrinas socráticas nos lo presenta Jenofonte.
En sus Recuerdos, recoge dos conversaciones acerca de la divinidad, que tienen como interlocutores Aristodemo (I, 4) y Eutidemo (IV, 3). En ellas, aparece una Inteligencia Ordenadora, que ha creado el mundo del modo más perfecto. Se ha preocupado de un modo especial del hombre, pues ha dotado al cuerpo humano de todo lo que necesitaba: los diversos órganos de nuestro conocimiento sensible, oportunamente protegidos para que puedan cumplir bien su función, la posición erguida de su cuerpo, las manos, una boca que puede articular los sonidos del lenguaje. Asimismo, ha preparado el mundo para que en él pudiese vivir del modo más adecuado, instaurando el día y la noche, que rigen el trabajo y el descanso, las estrellas y la luna, que le guían en la noche, los productos agrícolas para que se alimente, las animales domésticos para que le ayuden, las estaciones anuales, el agua y el fuego.
Otorgó también al hombre «un alma perfectísima», «capaz de reconocer la existencia de los dioses», que usa de los sentidos, como los demás animales, pero que fue también dotada de razón y lenguaje. Todo ello es para Sócrates manifestación de «un gran amor a la humanidad» y de su Providencia [Recuerdos IV, 3, 5-6].
A pesar de la cercanía que se manifiesta en este modo de dotar al hombre de todo lo necesario, Sócrates sostiene también la divinidad es máximamente perfecta: «es de tal grandeza y tal categoría que puede
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