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Por MIGUEL PÉREZ DE LABORDA, «Philosophica»
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Que la expresión “filósofos presocráticos” se haya hecho común para referirse a una larga serie de pensadores, no sólo precedentes a Sócrates, sino también contemporáneos, nos da idea de la importancia que este filósofo ha tenido en la historia del pensamiento. Sócrates señala el inicio de una nueva época, un punto de inflexión, tanto por el descubrimiento de algunas ideas filosóficas que iban a determinar el posterior desarrollo de la filosofía, como por su peculiar modo de vivir la filosofía, por el que iba a convertirse en un modelo del filosofar.
1. SÓCRATES COMO PERSONA Y PERSONAJE
1.1. LA CUESTIÓN SOCRÁTICA
A la hora de determinar cuáles son las doctrinas de Sócrates nos encontramos con una primera dificultad: puesto que él mismo no escribió nada, debemos acudir a los testimonios de otros autores.
La más antigua obra que nos habla de él es una comedia de Aristófanes, escrita en el 423 a.C. Todos los años en Atenas se celebraban las fiestas en honor del dios Dionisio, y con esa ocasión se organizaban concursos, procesiones y sacrificios. En el certamen de teatro del 423 a.C. se presentaron dos comedias que tenían a Sócrates como personaje principal: Connos de Amipsias y Las Nubes de Aristófanes. Ninguna de las dos ganó, pero nos demuestran igualmente que Sócrates era entonces, cuando tenía ya casi 50 años, una figura muy conocida.
La obra que nosotros conservamos no es la comedia presentada al concurso, sino una segunda versión escrita pocos años después. En ella, Sócrates aparece reunido con sus discípulos en el Pensadero, es decir, «la casa de los charlatanes», donde les enseña a «sostener las ideas contrarias a las justas»; él mismo, según la comedia, es «capaz de vencer a todos los que en su camino se crucen» [Las Nubes 1315-19].
Ésta no es la idea que tiene de Sócrates quien ha oído ya hablar de él. Y no es tampoco la que nos transmiten otras fuentes. Las principales para conocer el pensamiento de Sócrates son tres: Platón, Jenofonte y Aristóteles. Los dos primeros le conocieron personalmente; Aristóteles no lo hizo, pero, por su talla intelectual y su relativa cercanía temporal, suele ser considerado como fuente primaria. Contamos además con otras innumerables fuentes secundarias: diversos diálogos platónicos no auténticos (escritos por personas cercanas a Platón), algunos pocos fragmentos de otras
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